Transformación. Climaterio no es menopausia: conoce las diferencias y vive tu madurescencia
Durante mucho tiempo, las palabras menopausia y climaterio se han usado como si fueran lo mismo. En conversaciones cotidianas, en consultas médicas e incluso en los medios, solemos hablar de “la menopausia” para referirnos a todo un periodo de cambios que abarca varios años. Sin embargo, no son sinónimos.
Comprender la diferencia no es solo una cuestión de precisión médica: también es una manera de reconciliarnos con nuestro cuerpo, de entender los procesos que vivimos y de dejar atrás la idea de que esta etapa marca un final. Porque no se trata de una pérdida, sino de una transformación.
Qué es el climaterio
El climaterio es una etapa amplia y compleja que suele abarcar desde los 40 hasta los 65 años, aproximadamente. No se trata de un momento puntual, sino de un proceso de transición entre la vida fértil y una nueva etapa vital.
Durante estos años, el cuerpo experimenta una serie de cambios hormonales que afectan múltiples sistemas: los ovarios disminuyen gradualmente su producción de estrógenos y progesterona, lo que puede generar síntomas como alteraciones en el ciclo menstrual, sofocos, cambios en la piel, variaciones en el sueño o en el estado de ánimo.
Pero el climaterio no se reduce a lo biológico. También puede ser un movimiento emocional y vital profundo. Muchas mujeres atraviesan cambios en sus vínculos, en sus proyectos, en su identidad. Se reordenan prioridades, se abre espacio para nuevas formas de estar en el mundo.
El climaterio incluye tres momentos que se suceden, aunque no siempre de forma lineal:
–Perimenopausia: cuando comienzan las variaciones hormonales y los ciclos se vuelven irregulares.
–Menopausia: el punto en que ocurre el último sangrado menstrual, tras 12 meses consecutivos sin sangrar.
–Posmenopausia: los años que siguen, en los que el cuerpo se adapta al nuevo equilibrio hormonal.
En conjunto, el climaterio es un viaje de transición y reajuste, no una interrupción abrupta de la vida.
Qué es la menopausia
La menopausia, en cambio, no es una etapa larga, sino un momento concreto dentro del proceso del climaterio.
Se define como el último sangrado menstrual, confirmado cuando han pasado 12 meses seguidos sin menstruación. Es, por tanto, un marcador biológico preciso.
La menopausia señala el fin de la función ovárica reproductiva, pero no el fin de la feminidad, ni de la vitalidad, ni del deseo. Es un cambio en el cuerpo que, como todos los cambios naturales, invita a la adaptación y al autoconocimiento.
Cuando entendemos la menopausia dentro del contexto del climaterio, dejamos de verla como una “pérdida” y empezamos a reconocerla como parte de un proceso de transformación natural, integral y continuo.
Por qué nombrarlo correctamente
Las palabras importan. Nombrar correctamente lo que nos pasa es una forma de comprender y acompañar nuestros procesos con más conciencia.
Cuando usamos sólo la palabra menopausia para hablar de todo el climaterio, reducimos una experiencia vital compleja a un único hecho biológico. En cambio, al decir climaterio, reconocemos la amplitud del proceso: lo físico, lo emocional, lo psicológico y lo social.
Nombrar es también cuidar. Cambia la forma en que nos relacionamos con nuestro cuerpo y con otras mujeres. Nos permite pedir acompañamiento médico adecuado, compartir experiencias sin tabúes y entender que lo que sentimos —el cansancio, los cambios de humor, las transformaciones en el deseo— no son “locuras” ni “defectos”, sino manifestaciones normales de un cuerpo que se reconfigura.
Además, nombrar el climaterio nos ayuda a salir de la narrativa del “fin” y nos abre a una visión de inicio, de expansión y madurez. Es el paso de una etapa fértil a otra igualmente valiosa: la de la madurescencia, un tiempo en el que el cuerpo y la mente adquieren una nueva sabiduría.
Hablar del climaterio es hablar de transformación.
De un cuerpo que se adapta, de una mente que se redefine, de una mujer que se reencuentra y se permite explorar nuevas facetas de sí misma.
Nombrar esta etapa con claridad nos da el poder de entendernos, de acompañarnos mejor, de reclamar un lugar más libre y consciente en nuestras propias vidas.
Vivir la madurescencia no es resistir el cambio, sino habitarlo con curiosidad y amor propio.
Es un tiempo de escucha, de expansión y de sabiduría corporal.
El climaterio no es un final: es el comienzo de una nueva forma de habitar el cuerpo y el mundo.
Seguimos dando voz y cuerpo a nuestras historias, seguimos creando comunidad…


@carmencuní




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